
Justo al lado de esta playa había otra mucho más "pequeña" y más salvaje, Bascuas, (aunque con accesos a la misma, socorristas y ceniceros cono que se clavan en la arena para no dejar colillas en la playa) que era naturista. Ésa era la playa a la que estuvimos yendo más a menudo, pues la sensación de bañarte "en bolas" y de pasear de manera natural por la orilla, es algo verdaderamente muy agradable. Y esa idea preeconcebida de que todo el mundo te mira con lujuria y perversión, desaparece en cuanto ves que todo el mundo pasa del resto.
En cuanto a lo que visitamos, fuimos a la Toja; isla unida a la tierra con un puente, que realmente no tiene gran cosa, pues sus playas buenas están cerradas al público y son únicamente para los socios del club de golf. Tiene un balneario que visitamos y que está bastante descuidado. Pero, en el pueblo en el que se une a tierra, O Grove, se come un marisco fresquísimo y buenísimo, eso si, hay que meterse por las calles del pueblo para huir de los precios del paseo marítimo. Aquí repetimos día, primero una mariscada para dos personas y otro día un arroz con bogavante de muerte.
Entre O Grove y nuestro alojamiento estaba la enorme playa de la Lanzada, en la que de vez en cuando se veían surferos haciendo lo propio.

El destrozo que causó el Prestige aún puede verse si te fijas en las rocas de la costa, negras en algunos puntos. Que pena. Y para colmo poco después de irnos, comienzan los incendios.
En resumen, nos gustó mucho la zona de Galicia, y aunque ya habíamos estado en Cantabria y Asturias, seguramente repitamos. La única pega, que el agua esta fría que pela, más que en el Algarve, aunque con el sol que nos hizo, era de aradecer.
Nos fuimos de allí el 31 de Julio en dirección a la Alberca, segunda y última parte de nuestras vacaciones, de la que ya hablaré con más detalle.
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